Screwball Comedies: Libeled Lady












Géneros ci
nematográficos hay muchos y cada cual tiene sus preferidos. En mi caso, reconozco que el neorrealismo italiano es necesario y que el expresionismo alemán no puede faltar en ninguna videoteca que se precie. Creo que la vida sin musicales sería mucho más aburrida y es complicado concebirla sin que se crucen en tu mente cientos de fotogramas llenos de humo y femmes fatales sacados directamente del cine negro. Los buenos dramas nos hacen reflexionar sobre cosas que pasamos por alto en nuestro rutinario día a día, al igual que el cine de ciencia ficción nos traslada a lugares imaginarios donde poder soñar, aunque a veces nos recuerden demasiado las miserias del mundo en el que vivimos... pero donde esté una buena screwball comedy, que se quite todo lo demás!

No cabe duda de que son necesarias, no pueden faltar en ninguna colección, la vida sería mucho más aburrida sin ellas, también
hay humo y mujeres fatales (aunque fatalmente divertidas en este caso), nos hacen reflexionar mucho más de lo que creemos, nos llevan a otros mundos... y la miseria llega justo cuando las palabras "The End" aparecen en la pantalla.

"Libeled Lady" (1936) no es de las más conocidas, pero puede mirar de igual a igual a "His Girl Friday", "It Happened One Night", "Bringing Up Baby", "My Man Godfrey", "Nothing Sacred" o "Easy Living" por poner unos cuantos ejemplos. Cuenta con un guión a prueba de bombas (que no de carcajadas) y un reparto de auténtico lujo: Jean Harlow (que está excelente y mucho menos platino que en otras películas), Spencer Tracy, y la inseparable pareja formada por William Powell y Myrna Loy, que si mal no compruebo, trabajaron juntos en nada menos que 16 ocasiones.













La trama no la voy a desvelar pero
cuenta con todos los ingredientes típicos de estas comedias: enredos, dobles, triples y cuádruples sentidos, algo de romanticismo, gente con apariencia "normal" que se comporta de manera completamente estrafalaria y, por supuesto, ricos absolutamente estúpidos y ridículos. Desde luego, no me extraña que el Comité de Actividades Anti-Americanas acabara centrando su atención en Hollywood. No sólo las películas escritas o dirigidas por emigrantes europeos izquierdistas atacaban directa e indirectamente a las clases altas americanas. Complicado es encontrar una screwball comedy en la que no salgan malparados y eso no debía hacer mucha gracia a según qué gente con bastante poder económico y político, fieles defensores de la "moral" y el orden establecido.

Volviendo a los protagonistas, hay algo que funciona a la perfección en esta película: la contraposición entre Harlow (voluptuosa, mundana, gritona y algo vulgar) y Myrna Loy, todo elegancia, glamour y sofisticación. Y por otro lado, Spencer Tracy ejerciendo, como era habitual en él, de hombre de la calle, contra el siempre inmaculado y cáustico gentleman Powell.

Siguiendo el libro de la perfecta screwball comedy, al menos un secundario de lujo tenía que aparecer. En esta ocasión es Walter Connolly el que ejerce tal papel. ¿En qué otras películas trabajaba Connolly? Para conocer la respuesta, o bien seguís el link a la IMDB, o bien buscáis en algún otro lado, pero lo mejor es esperar a la siguiente entrega de
"no sólo secundarios", la interesantísima sección habitual de este blog.

Me casé con una bruja (o con una zorra)


Pobre Veronica Lake. Tan guapa, delicada y menuda ella. Con esa aterciopelada voz y carita de no haber roto un plato en su vida. Y sobre todo, qué incomprendida! Veamos algunas de las lindezas que le dedicaron sus compañeros de trabajo.

Para empezar, Fredric March solía llamar a la película que habían protagonizado juntos 'I Married a Bitch' en lugar de su título real, "'I Married a Witch". Y si March acabó hasta la coronilla de Veronica fue porque Joel McCrea, su compañero en "Sullivan's Travels" (1941) y que al que se le ofreció el papel en "I Married..." se negó a volver a rodar con ella, aunque años después se encontrarían de nuevo en "Ramrod" (1947). Y siguiendo con el término acuñado el infortunado March, Eddie Bracken dijo después de trabajar con ella en "Star Spangled Rhythm" (1942): "Veronica era conocida con el sobrenombre de The Bitch y se lo merece!".

También parece que Alan Ladd, con el que protagonizó varias películas, no la tenía demasiado aprecio, aunque por lo visto fue menos explícito al valorar a su compañera, todo lo contrario que el escritor Raymond Chandler que durante el rodaje de "The Blue Dahlia" (1946), para la que escribió el guión, solía llamar a Veronica "Moronica (estúpida) Lake".

Sea como sea, lo mejor es pasar por alto pequeñas 'rencillas' sin importancia y ver una vez más lo guapa que estaba en la imprescindible "'Los Viajes de Sullivan" o en "Me casé con una zorra". Perdón, con una bruja.

Edito: No me había fijado en la frase que aparece en el cartel original: No man can resist her!. ¿Sería el publicista de United Artists otro damnificado por Ms. Lake?


Ziegfeld Follies



















¿A quién no le gustaría poder viajar en el tiempo? Supongamos que elegimos el año 1916 y la ciudad de Nueva York como nuestro primer destino. Nos hacemos con un elegante atuendo y nos dirigimos a pasar la noche en Broadway, y cómo mejor que en un espectáculo Ziegfeld. Poco después de situarnos bien cerca del escenario vemos que se coloca a nuestro lado un hombre gordo y cincuentón, el cual ha reservado dos asientos, uno para él y otro para... su sombrero! Bueno, no le damos más importancia, pero nos fijamos en una de las coristas. Se parece mucho a Marion Davies. Rápidamente asociamos ideas y mirando de reojo al hombre que nos acompaña, descubrimos que es nada menos que William Randolph Hearst. Finalizado el show, y tras deslizar unos cuantos dólares en la mano de uno de los acomodadores, nos confirman el dato: Hearst lleva asistiendo desde hace tiempo día sí y día también al espectáculo, para ver en acción a Marion. Y a su rosebud, nos quedaríamos pensando con pícara sonrisa.

Esa sería una de las incontables historias que podríamos vivir si añadiéramos como bookmark en nuestra máquina del tiempo particular las producciones de Florenz Ziegfeld. Desde 1907 hasta su muerte en 1932 (aunque hubo otros que lo continuaron hasta mediados de los años 50), Ziegfeld ideó y puso en marcha una serie de espectáculos musicales inspirados en los Folies Bergères parisinos. Los números musicales y cómicos se renovaban anualmente y contaban con la participación de famosas personalidades del show-business. Pero ya puestos a sacar provecho de nuestros conocimientos actuales, lo más interesante sería observar cómo se comportaban encima del escenario algunas anónimas 'Ziegfeld Girls': Paulette Goddard, Joan Blondell (ver post 'Remember my forgotten man'), Barbara Stanwyck o Louise Brooks por poner unos cuantos ejemplos. Y digo bien observar, ya que las edades en las que participaban algunas de ellas sorprenden bastante. Brooks tenía alrededor de 15 años la primera vez que actuó allí, y Barbara Stanwyck sólo 13! En descargo del amigo William diremos que Marion Davies ya había cumplido los 18 cuando su sombrero, él y ella se iban después de las representaciones al apartamento que tenía Hearst cerca de los teatros de Broadway.

Hay varias películas dedicadas o relacionadas con los Ziegfeld Follies: "The Follies Girl" (1919), "Pretty Ladies" (1925) (en la que trabaja una jovencísima Joan Crawford y también Norma Shearer, que curiosamente fue rechazada por el propio Florenz Ziegfeld), "The Great Ziegfeld" (1936) protagonizada por William Powell, "Ziegfeld Girl" (1941) con James Stewart, Judy Garland, Hedy Lamarr y Lana Turner, y "Ziegfeld Follies" (1946) que es un compendio de números humorísticos (excelente el de Red Skelton) y musicales inspirados en los originales, y en la que aparecen entre otros Fred Astaire, Gene Kelly, Cyd Charisse o Fanny Brice. Y hablando de ésta última, "Funny Girl" (1968) relata su vida en la etapa Ziegfeld con Walter Pidgeon encarnando al legendario productor.





Ninotchka y Tracy, Tracy y Ninotchka


Ninotchka es Cyd Charisse y Tracy Lord es Grace Kelly. Ninotchka baila a ritmo de Cole Porter y se enamora de Fred Astaire, y Tracy no siente invadida su intimidad por James Stewart, si no por Frank Sinatra. ¿Será que el gran número de comentarios que hacéis a mis posts me ha saturado y ya mezclo actores, actrices y géneros? No, me temo que no es eso. Si "Ninotchka" de Lubitsch y Garbo es de 1939, "Silk Stockings" se estrenó en 1957, y si "The Philadelphia Story" iluminó las oscuras salas de cine por primera vez en 1940, "High Society" lo hizo en 1956. Y las cuatro son maravillosas películas, aunque las versiones musicales no igualen ni superen a sus modelos (complicado lo tenían) son ideales para ver en una tarde de domingo.

En "Silk Stockings", como su propio nombre indica, la enviada soviética se deja seducir unas medias de seda en lugar del sombrero en el caso de Greta Garbo, y en "High Society" el todavía marido de Grace Kelly (Bing Crosby) llena su casa de jazzmen, con la presencia estelar de Louis Armstrong. Son pequeñas diferencias propiciadas por las adaptaciones, y no se trata de comparar, si no de disfrutar de divertidos remakes que en ningún caso pretendían competir con los originales y sí hacer pasar un par de horas entretenidas.

No sólo secundarios (II): Eric Blore

















Si en varias de las películas de Fred y Ginger Edward Everett Horton interpretaba el papel de amigo atolondrado de Astaire, con una capacidad atómica para crear malentendidos y complicar la vida a todo el que se cruzara por su camino, Eric Blore bordaba en otras cuantas al camarero entrometido, al valet impertinente o al encargado de hotel con innata capacidad de estar siempre en el lugar adecuado en el momento menos oportuno.

Hasta en cinco ocasiones podemos encontrarnos con el bueno de Eric Blore entre baile y baile de Fred Astaire y Ginger Rogers: "Flying Down to Rio" (1933), "The Gay Divorcee" (1934), "Top Hat" (1935), "Swing Time" (1936) y "Shall We Dance" (1937). También son inolvidables sus apariciones en "Sullivan's Travels" (1941) y "The Lady Eve" (1941), ambas dirigidas por el gran Preston Sturges. En la primera hace, como no, de valet de Joel McCrea y en la segunda cambia sus habituales papeles y le disfrutamos como un auténtico Sir (muy adecuado ya que Blore era londinense) al lado de Henry Fonda, Barbara Stanwyck y Charles Coburn.

En total apareció en más de ochenta películas y es una lástima que no hubiesen sido ochocientas. Siempre que veo alguna vieja película en blanco y negro que transcurre en lujosos ambientes es una pequeña decepción no encontrarse con el histriónico y entrañable Eric Blore cuando aparece un camarero o un mayordomo.

¿Un momento favorito? Una conversación telefónica en "Shall We Dance" cuando detienen a Blore por agresión y éste intenta explicar a Horton el nombre de la comisaría en la que se encuentra.